Casos Clínicos

De  los centenares de casos clínicos tratados durante veinte años de investigación y terapia del Síndrome  Premenstrual,  aquí se citará una quincena de ellos al azar, por ser representativos de la totalidad.

En  prácticamente  todos se presentan los  mismos  síntomas : Irascibilidad,  depresión,  dolores  de cabeza del tipo  jaqueca, molestias mamarias,  distensión abdominal, hinchazón de párpados y manos, piel seca, caída del cabello, uñas frágiles,   lengua  sucia  (saburral),  falta  de  concentración, dolores  lumbosacros,  frigidez,  dolor  en la  actividad  sexual (dispareunia), orgasmos dificultosos, etc.
  Caso 1
10.10.92.  A.B.,  paciente  de 39 años,  madre de dos hijos, primer parto con cesárea por falta de dilatación, el segundo con fórceps. Sus  molestias  habían  comenzado siete años  antes,  en  el período  premenstrual,  manifestándose  como dolores  de  cabeza. Experimentaron   con   el  tiempo   progresiva   prolongación   e intensificación. Por la jaqueca consultó a neurólogo, quien pidió un electroencefalograma,  que resultó normal. Le fueron recetados analgésicos. Se   presentaron   molestias   mamarias  que   se   hicieron francamente  severas y duraban casi todo el  mes. La  mamografía solicitada  por  un ginecólogo consultado febrero de  1986,  tuvo diagnóstico  de  Mastopatía Fibrosa Bilateral de grado  moderado. Fue tratada con un derivado sintético de la progesterona  durante diez días cada mes; hubo alivio parcial de las molestias mamarias. Por  otra  parte,  se le diagnosticó  "úlcera al cuello  del útero", lo que se trató con dos cauterizaciones, sin proporcionar ningún beneficio a nivel general.  La paciente manifestaba sufrir molestias  en las relaciones sexuales y  además  frigidez,  razón por la cual procuraba evitarlas. Sus  molestias generales persistían y los síntomas  mamarios se acentuaron. Entonces vino a consultarnos. Al exámen físico se observaba una paciente decaída,  palidez de piel y mucosas,  lengua sucia,  conjuntivas irritadas,  mirada triste. Además distensión abdominal, edema (hinchazón) de manos y párpados,  piel y cabello secos. Las mamas presentaban aumento de volumen,  congestión,  sensibilidad,  ardor  y aumento de la  red venosa. Al  exámen  ginecológico se encontró un cuello  uterino  muy edematoso,  congestivo y enrojecido,  con quistes glandulares  de retención (Naboth), muy sensible al tacto, aumentado en su diámetro  en  mas  de un 30%.  Cuerpo uterino congestivo  y  sensible. Trompas y ovarios sin signos de anormalidad. Sometida   la  paciente  a  un  tratamiento  de  su   útero, experimento  una notable mejoría en pocas semanas.  Sus  jaquecas desaparecieron. Sus molestias mamarias se atenuaron notablemente. En la actualidad muestra una discreta sensibilidad uno a dos días previos a la menstruación. Los controles mamográficos realizados en octubre de 1989 y noviembre de 1992,  revelaron tejido celular subcutáneo  y vascularización normales,  sin existir imágenes  de nódulos o microcalcificaciones. La paciente tiene ahora 43 años.  Ha continuado asistiendo a controles después de casi tres años que fue dada de alta.  No ha experimentado ninguna recaída. Se detuvo la caída del cabello, la piel  antes seca se aprecia normal.  No ha necesitado recurrir  a analgésicos ni medicamentos de ninguna especie.

Caso 2 Paciente de 43 años,  madre de tres hijos, todos con cesárea por  falta  de dilatación del cuello del útero,  producto de  una cervicitis  crónica.   El primer embarazo curso  normalmente,  el segundo  presento síntomas de aborto a los cuatro meses,  lo  que obligo  a su permanecía cama durante cinco meses.  En el  tercer embarazo  no  hubo problemas.  Sin  embargo,  presentó  depresión después  de cada parto,  durando aproximadamente 2 a 3 meses cada episodio.  Su  cuadro depresivo comenzó a agravarse  después  del tercer  parto en coincidencia con un problema económico familiar. Vivía en una zona minera del sur. En 1987 su marido  fue trasladado a  una zona  minera  del  norte,  a bastante  altura,  donde  su  cuadro depresivo  se  hizo  más intenso,  especialmente  en  el  período premenstrual,  con  una duración de aproximadamente 20 días  cada mes. Consultó a un psiquiatra que atribuyó sus fenómenos depresivos a problemas producidos por el medio ambiente. Dado  que en el periodo premenstrual presentaba una  agravación de su depresión, jaqueca, edema, molestias mamarias, irritabilidad,  falta  de concentración y  coordinación  neuromuscular, frigidez, fue tratada con un fármaco derivado de la progesterona, 5 mg.  en la mañana y 5 mg.  en la tarde,  durante diez días  del ciclo,  que al comienzo le proporcionó  un discreto alivio.  Continuó con este tratamiento durante un año,  y dado que finalmente no le hacía ningún efecto, suspendió finalmente el fármaco. En 1989, fueron trasladados a Santiago. Ella continuó con su cuadro  depresivo,  edema,  molestias mamarias,  estado nauseoso, jaquecas,  distensión abdominal,  dolor sacrocoxígeo,  mucho  más exacerbados que antes.  Consultó a un facultativo que solicito un estudio    hormonal,    encontrando   ligera   insuficiencia   de progesterona.  Se  le recetaron fármacos derivados durante  cinco meses, experimentando muy discreto alivio. Simultáneamente, había  estado consultando a  un  psiquiatra quien  diagnóstico esquizofrenia leve, receto Estelacine, Tonaril y Meleril, y pronto ella notó que su ciclo menstrual se acortaba, a la vez comenzó a presentar crisis de pánico, motivo por el cual consultó otro psiquiatra,  que diagnosticó depresión agravada por Síndrome Premenstrual, quien la derivó a nuestro Instituto. En  agosto de 1992 nos consultó por  primera  vez.  Relataba episodios de síndrome premenstrual desde hace 8 años. Al   exámen   ginecológico  presentaba  un  cuello   uterino inflamado, edematoso, muy aumentado de volumen, sensible,  con un moco cervical muy abundante y  de aspecto anormal. Se  sometió a un tratamiento del útero,  experimentando  notable  mejoría a las dos semanas  de  tratamiento. Sus molestias  depresivas  se  fueron  reduciendo,  siendo  cada  vez breves,  de  1  a 2 días. Sus  molestias  físicas  desaparecieron completamente.

Caso 3 Paciente  de  45 años.  Sus síntomas se iniciaron  hacía  16 años,  en  relación  al  último parto con cesárea y  ligadura  de trompas.  Sus  molestias se caracterizaban por un dolor  pelviano severo durante la menstruación que le duraba 5-7 días, acompañado de una distensión abdominal,  jaqueca intensa de 2 a 3 días en el período premenstrual, además, edema de la cara, manos y tobillos. También  experimentaba fuertes dolores  mamarios  premenstruales, estado nauseoso.  Gran caída del cabello, uñas frágiles, fragilidad  capilar y agravación de sus varices y lengua  sucia.  Además presentaba depresión,  irritabilidad, nerviosidad. Mala memoria y falta de concentración. Consultó  a  un  obstetra en 1981,  quien  encontró  pequeño quiste ovárico izquierdo y retroversión uterina,  siendo  operada sin  obtener beneficio alguno con respecto a sus numerosas molestias. Posteriormente  consultó  a otro  obstetra,  en  1982.  Este facultativo  realizó una intervención quirúrgica,  extirpando  el ovario izquierdo. Posteriormente la sometió a tres intervenciones quirúrgicas  más,  siendo la última en junio de 1991 sin  que  la paciente obtuviera ningún beneficio. Dado  que  sus molestias fueron agravándose,  se  comenzó  a medicar  con antiinflamatorios,  aliviándose parcialmente,  por lo que decidió venir a consultarnos,   por referencia de una  prima, en septiembre de 1992. A  las  3  semanas de tratamiento integral  del  útero,  han desaparecido  prácticamente todas sus molestias,  no  presentando posteriormente recaída alguna.

Caso 4 Paciente  de 37 años,  casada hacía seis. Había visitado  a cuatro especialistas por infertilidad. El primero solicitó varios exámenes  de laboratorio e histerosalpingografía (radiografía  de útero  y  trompas),  que  resultaron  normales,  concluyendo  el facultativo  que no había anormalidad alguna en su aparato  genital,  y que su infertilidad se debería a sus problemas psicológicos, erróneamente atribuidos a cuadro de neurosis, y no al SPM. El  segundo  especialista  consultado,   detectó  galactorrea (secreción láctea de los pezones), producida por un tranquilizante  y ansiolítico. Sin embargo sospechando una falta de  ovulación, comenzó a tratarla con citrato de clomifeno, un estimulador de la ovulación,  desde el día 5 al 10 del ciclo, con seguimiento ecográfico que se prolongó por ocho meses, con un control mensual. Ante  el  fracaso  terapéutico para lograr  el  embarazo,  se  le propuso cirugía exploratoria,  lo que la paciente rechazó, motivo por el cual decidió cambiar de médico. El tercer especialista consultado,  objetó los exámenes  previamente  solicitados,  encontrando que la  histerosalpingografía realizada  anteriormente era  de poca confiabilidad técnica. Por este  motivo  solicitó  un segundo estudio  radiológico,  el  que demostró una falta de pasaje de medio de contraste al  peritoneo.Por  esta  razón realizó una  laparoscopía,  demostrando  que  la inyección  de azul de metileno no lograba atravesar las  trompas. Por  este motivo ella fue operada con procedimientos microquirúrgicos, seguidos de hidrotubación no logrando tampoco embarazarse. El  cuarto  especialista observó que la  paciente  presentaba galactorrea secundaria a la ingestión de Sulpilan; el facultativo solicitó exámen para medir niveles hormonales de prolactina (hormona producida por la hipófisis y productora de secreción láctea) resulto   significativamente  elevada,   efectuándose  un  estudio radiológico de cráneo (Silla Turca). Sin  embargo  la paciente relataba antecedentes  de  cuadros depresivos cíclicos durante el período premenstrual,  que duraban aproximadamente una semana,  acompañados por irritabilidad, agresividad,  insomnio y dolores pelvianos, que le dificultaban sus actividades  normales y relaciones interpersonales. La  paciente manifiesta que su depresión era bastante severa,  sin embargo  no quiso  consultar  a psiquiatra por su escepticismo frente  a  los tratamientos paliativos farmacológicos que suelen utilizarse. Por este motivo y habiendo oído hablar del Síndrome Premenstrual y de nuestro Instituto, la paciente decidió venir a consultarnos. Entre los antecedentes que relata la paciente, es importante señalar que tenía cuatro exámenes citológicos  de  Papanicolaou informados  reiteradamente  como "intensa  reacción  inflamatoria inespecífica"  y  que  habían  sido subestimados  por  todos  los especialistas a quien ella había consultado previamente. La primera consulta,  la colposcopía  detecto un cuello uterino  muy  congestivo,  edematoso,  y  francamente  aumentado  de volumen, presentando un aumento notable del moco cervical, grumoso y de aspecto anormal. La  paciente  estaba profundamente convencida de  sufrir  de "trastornos  hormonales",  debido  a  que los  profesionales  que anteriormente había consultado le habían efectuado ese diagnóstico sin una comprobación con exámenes de laboratorio. Con el  fin de descartar alteraciones hormonales, le solicitamos un estudio de  hormonas hipofisiarias LH y FSH,  estrógenos y  progesterona, que resultaron absolutamente normales, evidenciando la existencia de  prejuicios de atribuir frecuentemente la infertilidad  y  las molestias del SPM a desequilibrios hormonales. La  paciente ha sido sometida a estudios bacteriológicos  no encontrándose  infecciones de relevancia, considerándose que  la problemática  era  básicamente crónica y de tipo  glandular. Fue sometida   a  procedimientos  microquirúrgicos   y   criocirugía, complementada   con  terapia  antiinflamatoria,   y  fisioterapia seriada,  obteniendo resultados parciales.  Se realizó un segundo intento  terapéutico  pero mucho más intensivo, logrando  obtener resultados positivos a los 60 días. La mejoría ha sido relevante, desapareciendo por completo la depresión y prácticamente todos los demás síntomas premenstruales, persistiendo  un  leve nerviosismo y un discreto  dolor  pelviano puntualmente el día anterior a la menstruación. La  paciente ha señalado que con el tratamiento integral  de su  inflamación uterina crónica,  ha logrado cambios  trascendentales  en su calidad de vida y alegría de vivir,  dando término a su dependencia a diversas medicaciones farmacológicas paliativas.

 

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